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Pepe Rodríguez: «Sentarse en un restaurante me parece de las cosas más emocionantes del mundo»

Actualizado: 19 jun 2023


El chef Pepe Rodríguez (cortesía)



Belén Nebot / Claudia Peña. Castellón


Pepe Rodríguez (Illescas, 1968) es chef y propietario del restaurante El Bohío en Illescas (Toledo), que cuenta con una estrella Michelín y dos Soles Repsol. Además, participa como jurado en el concurso de cocina televisivo MasterChef desde hace diez años.


Habla tranquilamente desde la cocina de su casa del pueblo toledano. Le gusta definirse como «un tío normal» que hace lo que le gusta. Reconoce que está feliz y motivado con su trabajo y, a pesar de que entró a la cocina por obligación, afirma que está en el oficio más bonito del mundo.


El chef dice que en sus inicios como cocinero «lo iba llevando», tal vez porque dejó de ser camarero y ya no estaba de cara al público, ya que se considera bastante tímido, aunque ahora menos. Pasado un tiempo, se le presentó la oportunidad de ir a un certamen que hacían en Vitoria de cocina de autor. Allí estuvo comiendo con grandes cocineros del momento, como el chef Michel Trama, y vio todo lo que se podía hacer con la comida. «Fue el detonante y cuando me enganché de verdad. Empecé a ver más restaurantes y a picarme conmigo mismo y con amigos cocineros. Había un caldo de cultivo muy bonito que te hacía estar siempre alerta de que se podía hacer más en la cocina. Ahora ocurre también, pero antes era con esos ojos jóvenes y era apasionante», rememora Rodríguez.


Durante sus inicios como cocinero en El Bohío, Pepe Rodríguez iba en agosto a prepararse con chefs conocidos, como Martín Berasategui o Ferran Adrià, ya que era cuando cerraba el restaurante por vacaciones. «Lo mejor de aquella etapa era saber que trabajaba con ellos, aprendí mucho y vi cosas diferentes que luego podía aplicar en mi casa. Para mí septiembre era el principio de año; volvía con ideas y fórmulas nuevas y maneras diferentes de afrontar el futuro», cuenta el chef.


Decidió darle el toque moderno al estilo de cocina de El Bohío desde el primer día inconscientemente. «Entré haciendo la cocina que hacía mi madre, pero al llegar a Vitoria y ver todo aquello que no se parecía en nada a lo que estaba haciendo, me di cuenta del estilo de cocina que quería hacer. Además, al trabajar con los grandes chefs, no quedaba otra, eran mis maestros y me iban marcando el paso. Así me di cuenta del tipo de cocina que quería: actualizada, moderna, atemperada… ¡Y lo hago con los sabores castellanomanchegos, de mi tierra, que me encantan!», afirma el illescano.


Con el paso del tiempo y la cantidad de compromisos profesionales, Pepe Rodríguez se encarga actualmente de idear los menús, probar, supervisar las cocinas y cantar las comandas. Reconoce que los cocineros, como en muchos otros oficios, el poso de la profesión se coge con la edad, la madurez, la relación con la cocina, con lo que ocurre, el entorno, los productos… «Ahí está la dificultad: saber cuál es el estilo de cocina que quieres, cómo lo vas a preparar y cómo lo vas a cambiar o perfilar. Lo haces trabajando día a día. Siempre intento mejorar lo que hago y también me reciclo. Salgo a restaurantes de amigos y veo cómo hacen los platos, si los menús son más largos o más cortos, si me interesa ese camino y va con mi historia…», explica el cocinero.


Su abuela Valentina, que llegaba a Illescas desde Cuba, abrió El Bohío en 1934. Tiempo después, sus padres pasaron a ser los encargados del restaurante hasta que Rodríguez se metió de lleno para salvar el negocio. «¡Si ahora mi abuela y mis padres vieran en lo que se ha convertido El Bohío se caerían de espaldas! (ríe). Creo que estarán orgullosos, sobre todo de ver el cambio, ya que el restaurante era mi casa, donde he vivido siempre. Alucinarían con la reforma que estoy haciendo en la planta de arriba, que era mi habitación, donde estaba también el cuarto de estar, un privado que era la habitación de mis padres… Mi madre soñaba con tener una cocina grande porque siempre había estado en una pequeña con malos espacios, ¡si viera la que tenemos ahora se alegraría mucho!», afirma el toledano con una sonrisa.


El chef Pepe Rodríguez en las cocinas de El Bohío (cortesía)


Desde 1999 El Bohío conserva su primera estrella Michelín, ¿está preparado para recibir la segunda? «Está preparado para la tercera», asegura el chef entre risas. Rodríguez dice que él aspira al máximo, pero que para pasar a tres hay que pasar por dos, aunque pueda ser «difícil o imposible». «Ahora ya tenemos un campo de césped y podemos jugar en primera. Eso nunca lo tuvimos y es una condición fundamental. Ahora ya no hay excusa, hay un equipazo y hay ganas. ¡Vamos a ver qué pasa!».


Actualmente surge un debate en la sociedad sobre los precios de los restaurantes de alta cocina. Pepe Rodríguez se sincera: «¿Qué es caro o barato en la vida? ¿Un bolso de 500 euros es caro o barato? No lo sé. Es verdad que un bolso de 500 euros no se lo puede comprar la mayoría de gente y eso hay que entenderlo. No son precios para ir todos los días ni para todos los públicos. Pienso que ir al Bernabéu, que una persona te esté dando voces al lado, esté lloviendo y vale 250 euros la entrada por esas dos horas, es un espectáculo y hay que pagarlo, lo hago con gusto y voy. Ir a un restaurante que cueste doscientos y pico de euros entiendo que no es caro, pero hay que decirlo siempre con cautela para no herir a quien le pueda parecer un disparate. Hay gente que se gasta 50 euros en restaurantes y les toman por ricos, pero es que ese es su poder adquisitivo, se lo puede permitir, al igual que hay gente que hace viajes gastronómicos. Si le dices a alguien que toma vino en tetrabrick para comer que yo me gasto en una botella de vino 150 euros, me puede tomar por multimillonario o por un loco, y para los que estamos en este mundillo puede ser algo normal. Hay que entenderlo, como alguien que compra otra serie de cosas que le gustan. En los restaurantes pagas por la experiencia, aunque me parece una palabra muy cursilona y muy sobada, pero es verdad. Yo no te doy solamente de comer, te lo tengo que atrezar, y en eso va también el local, el servicio, los detalles, la calidad de la cocina, el tiempo y estás tres horas sentado mientras te tratan como a un príncipe. No te cobro solamente por la comida, hay más cosas que ocurren en un restaurante. Además, ves un tipo de cocina que no haces en tu casa. Es un tema cultural, hay que darle el valor que tiene y sentarse en un restaurante me parece de las cosas más emocionantes del mundo. Así se lo enseño yo a la gente».


El cocinero reconoce que pasa todo el tiempo que puede en su restaurante. «Hay dos o tres días a la semana que a lo mejor no puedo pasar, pero estoy en un 99 %. Creo que estoy todo lo que debo estar y cuando no estoy, al que más le duele es a mí porque donde más me gusta estar y donde más disfruto es en mi casa». Asegura que lo importante es tener un gran equipo de cocina: «Aunque estuviese todos los días, no puedo hacer todos los platos, o hago uno o hago otro. Sin un buen equipo de cocina detrás, no tienes nada», asegura el illescano.


El cocinero Pepe Rodríguez junto a su sala (cortesía)


En cuanto a su trabajo en el mundo de la televisión, dice que no le llamó nunca la atención antes de entrar a MasterChef como jurado. «Mandi Ciriza, que es la directora de Canal Cocina y muy amiga mía, me pedía hacer un programa en el canal y yo le decía siempre que no. Le hice uno obligado, pero no era algo que me gustaba. Yo veía una cámara y me daba media vuelta, ¡fíjate dónde he terminado!», admite el chef entre risas. Para entrar en MasterChef cuenta que le presentaron al casting: «Apareció una chica diciéndome si quería hacer una prueba para el programa, nos vimos un día en Madrid Fusión e hice un piloto. Al mes me llamó diciendo que le había gustado mucho, ¡y ya llevo diez años!», explica Rodríguez. Además, cuenta que los inicios en MasterChef no fueron fáciles para él, ya que no se reconocía a sí mismo. «Cuando me veía, pensaba: “¡Si yo nunca me pongo tan serio!”. Nos poníamos así porque nos decían que éramos los jueces y teníamos que valorar los platos, era por nuestro cargo en el concurso. Además, tener 18 cámaras y a todo el equipo de grabación también me imponía. Al principio estaba asustado, pero después me fui acostumbrando», dice el cocinero.


Respecto a cómo vivió el salto a la fama a la hora de salir a la calle, Pepe Rodríguez afirma: «Hay una contradicción. Te pones muy orgulloso las primeras veces que alguien te reconoce porque nunca antes te habían parado. Al principio te gusta, pero con el tiempo se hace un poco pesado porque ya no puedes ir a sitios donde hay tanta gente. Inconscientemente incomodas y te incomodan». El programa le ha animado a salir a saludar a los comensales en su restaurante, ya que antes no lo solía hacer a no ser que hubiera algún familiar o amigo suyo. «Ese cliente no venía buscando a Pepe Rodríguez, venía a comer bien. Ahora tengo el deber moral, físico y psíquico de salir a saludar, ¡y me encanta conocerlos!», reconoce el illescano.


El cocinero Pepe Rodríguez en el programa «El cielo puede esperar» de Movistar + (cortesía)


En cuanto a su trabajo en televisión, Rodríguez expone que si viviese solo de eso, estaría en MasterChef «hasta los 95 años», pero cuenta que ya es mucho tiempo a un ritmo «muy frenético» y sin parar. Explica que si hoy se acabara el concurso, se centraría exclusivamente en El Bohío, aunque no le importaría colaborar en otro programa: «No tengo en mente hacer otro programa cuando termine MasterChef, pero si me llaman para colaborar en otro, seguramente diga que sí porque me gusta el mundo de la televisión, y si no, tengo sitio en Illescas que es donde estoy tan feliz», añade el chef con una sonrisa.


Pepe Rodríguez manda un mensaje a su «yo» de 22 años, aquel que empezaba en el mundo de la cocina: «Le diría: “No te has equivocado porque hiciste aquello que te gustaba, buscaste tu camino y te ha ido bien. Has tenido mucha suerte, quizá porque fuiste perseverante y en los momentos malos que ha habido, ni te imaginas de duros, siempre aguantaste el tipo. Valió la pena. Si tienes un sueño o una idea en la cabecita de dónde te gustaría llegar o qué te gustaría ser, ese sueño no lo puedes perder. Hay que tenerlo ahí y, ¿por qué no? Se cumplen”».



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