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Kabasaki: «La vida del artista es un poco como una montaña rusa»

Actualizado: 12 ago 2023


El productor musical Kabasaki (cortesía)



Belén Nebot / Claudia Peña. Castellón.


Alejandro Caballero (Jerez de la Frontera, 1992), conocido artísticamente como Kabasaki, es productor musical. Ha trabajado con artistas como Mala Rodríguez (No vales na), Kaydy Cain (Perreo agresivo), La Pantera (Bellakeo), Quevedo e Israel B (WAOH), Saiko (2+1) o Don Patricio (Supongo). También ha producido algunos temas famosos como Turbulencias o Ping Pong.


Le gusta mucho jugar a videojuegos «con colegas». A pesar de que dice que puede parecer antisocial porque no le «mola mucho» ir a fiestas y a eventos, pasa mucho tiempo con sus amigos de siempre y con la familia. Su día a día es en el estudio, pero cuando tiene un rato se escapa a pescar para evadirse y despejarse. Le enseñó su padre. Allí no hay música ni nadie que le conozca, puede ir «a su rollo».


¿De dónde viene tu pasión por producir?

— Fue a los 14 años. Justo cuando conocí Internet, ya que mi madre me regaló un ordenador por Reyes. ¡Lo flipé! Por entonces, la única música que conocía era la del MP3. Se lo dejaba a mi colega que tenía Internet para que me metiera música ahí y elegía las que me gustaban de todas las que me había puesto. Cuando tuve Internet, pude buscar lo que de verdad me molaba. Entonces, un colega me bajó el FL piratilla y empecé a hacer mis movidas.


¿Por qué elegiste como nombre Kabasaki?

— Mi nombre es Alejandro Caballero y todo el mundo me conoce como «Kaba». En la camiseta del fútbol ponía Caballero y se me quedó como «Kaba». Aparte de la música, me molan mucho las motos, los coches… Básicamente el mundo del motor, pero sobre todo la estética, no soy de correr por ahí a lo loco o practicar (ríe). Mi moto favorita es la Kawasaki y cambié la W por la B, de ahí salió Kabasaki.


¿Qué tiene tu estilo de producción que se diferencia del resto?

— Según lo que me dice la gente, es como más cañerito, más macarrilla. Conozco ciertas normas que hay en la música urbana, pero me las paso por ahí (ríe). Cada vez que me salto alguna de esas normas, funciona. Eso define un poco a Kabasaki, paso de acordes bonitos y texturas modernillas. Tiro a lo retro, a mis recuerdos en la feria de Jerez, del perreo antiguo y actualizarlo con el flow de ahora.


Has sacado el álbum Temperatura. Pocos productores sacan su propio disco, y menos de reggaetón… ¿Cómo surgió la idea de lanzar este álbum?

— Fue muy natural en verdad. Empecé sacando singles míos, saqué uno con Yassir, con Pepe: Vicio, con Kaydy, con Bejo… A la peña le molaba porque eran los artistas que les gustaban, pero en una base un poco más atrevida y cañerilla. Ellos incluso se dejaban llevar más. Hay veces que algunos cantantes quieren hacer un tema más diferente, pero como les da cosa por lo que digan sus seguidores, dicen: «Como la saca Kabasaki, ¡me puedo tirar ahí el rollo de otra manera!» (ríe). Al tener tantos singles, pensé en hacer una fórmula con un concepto bien claro, y salió Temperatura. Cuando fuimos a presentar el disco a las discográficas, ya estaba hecho. Salió por Virgin, que es como la distribuidora de Universal.


¿Cómo surgió la canción de Turbulencias con esa variedad de artistas tan grandes?

— Son grandes ahora. Es un poco la movida de Temperatura, que apostaba un montón por artistas que no estaban tan «marcaos», pero que yo sabía perfectamente que tarde o temprano iban a petar. Por ejemplo, ahora le está pasando a Saiko y en el álbum hay dos temas con él. Aza (su representante) muchas veces me enseña a artistas emergentes y yo opino. La mayoría de veces digo: «Este chaval se va a «petar», necesito un tema con él». Hacemos el tema y a los tres o cuatro meses, ¡pum!, se pega. Con Temperatura pasó una cosa que moló bastante y es que lo saqué justo cuando estaban petando, no antes, y ha funcionado muy bien. Un productor tiene que tener ese ojo avizor de decir: «Ese chaval mola», o decir: «Mola un montón, pero déjale medio año para que mejore». Hay que saber catar a un artista.



El productor Kabasaki con los cantantes Juseph, Saiko, Quevedo, Love Yi, Jader, Yago Roche, Fabbio, La Pantera y Bless en el remix de Turbulencias.



¿Cómo fue producir ese tema?

— Me da ansiedad cada vez que ponen Turbulencias. Cuando la escucho tengo una movida y es que me imagino el proyecto de esa canción. Mientras tú escuchas música, yo te envidio porque una persona que no se dedica a esto está escuchando una onda, pero yo escucho el bombo por un lado, la caja por otro, la melodía, ahora esta voz, ahora esa voz más alta que otra, la reverberación de una voz, el autotune que se ha «colao»… Nada más poner Turbulencias me recuerda a los momentos esos de mezclar nueve voces. Gracias a Dios, me ayudó Ruslan Slatin, que es un ingeniero increíble en el que siempre confío y salió para adelante. No podía preocuparme al 100 % de todo, necesitaba quitarme peso porque si no, petaba. Decidí centrarme en el arte y el concepto y olvidarme un poco de los masters.

El beat de esa canción tiene tres años o más. Lo tenía guardado. Un día, quedé con La Pantera para hacer el tema de Bellakeo y lo terminamos en media mañana. Saiko estaba por ahí con todos los niños de Canarias y me los presentó. Me preguntó si tenía que hacer algo esa tarde y me dijo que preparara mi mejor beat, que nos íbamos con ellos al estudio. ¡Y así salió! Juseph sacó el estribillo de Turbulencias, que en verdad iba a ser su verso, pero cuando lo escuché tuve claro que iba a ser el estribillo, lo de: «Abróchense los cinturones, que hay turbulencias…». Fue una putada para él porque tuvo que hacerse otro verso (ríe). Ellos se pillaron dos botellas. Creo que fui el único que no bebí porque tenía que estar muy fresco para grabar, y ellos estaban de fiesta (ríe).


¿Qué significado tiene la música para ti?

— Vivir de la música es un sueño conseguido. Ha sido tan duro y tan poquito a poco, ¡que no me he dado ni cuenta! Es mi hobbie, me encanta hacer música, y de repente me he dado cuenta que no tengo que currar de otras cosas ni preocuparme por otras. ¡Le doy vueltas ahora mismo y me rallo un montón! Es algo que soñaba hace poco y tendría que estar como loco, pero no le echo cuenta. La música es mi día a día, ahora mismo es todo.


¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta del mundo de la producción?

— Lo que más me gusta es cuando un artista sabe valorarte. Una de las cosas que más he gozado es poder hacer música con peña que yo flipaba con ellos, que eran mis ídolos. Por ejemplo con Kaydy, lo seguía desde siempre y pensaba: «¡Este chaval está haciendo lo que más me gusta de él encima de un beat mío!». Respecto a lo que menos, tampoco me puedo quejar… A lo mejor destacaría el tema de ser autónomo, es mucho lío, ya no por mí, sino también por los chavales que vienen detrás. Cuesta mucho recibir un pago de Spotify o de alguna empresa gorda, o una venta de un beat. Tienes que llegar a un nivel muy alto de ventas para que te sea rentable. También destacaría la inestabilidad; no somos robots. A lo mejor un mes no me sale nada, y eso no lo voy a ver hasta en tres meses. La vida del artista es un poco como una montaña rusa.


De todos los artistas con los que has trabajado, ¿cuál ha sido el que más te ha sorprendido?

— La Mala. Lo gocé muchísimo en el estudio con ella porque es como un súper torbellino. Se pone descalza a grabarse y te quedas loco. Es muy pura. Con Yung Beef también lo gocé que flipas, es como muy loco todo, muy natural. Ellos dos son los que más me han marcado.


El productor musical Kabasaki (cortesía)



¿Cuál es tu canción favorita?

— No escucho mucho mi música, solo cuando pincho, pero si tengo que quedarme con alguna… ¡Lo tengo muy complicado! (ríe). Depende, si es para una discoteca te digo que Turbulencias, si es para escucharlo de «tranquileo» pues a lo mejor NBA o Calentita, son temas que me han marcado mucho y me han ayudado mucho a mi carrera. En cuanto a calidad, puede ser WAOH.


¿A qué aspiras llegar en el mundo de la producción?

— Intentar hacer más discos. ¡Es una cosa que he descubierto y me encanta! Me fliparía que los artistas dijeran: «Bua, ¡este año quiero estar en el disco que saque el Kaba!». Es un poco también con lo que yo me he criado: con el reggaetón, el disco de Tainy… Es como que todos los artistas quieren estar en esos discos y creo que una de mis aspiraciones sería esa.


¿Qué consejo le dirías a alguien que está empezando a producir?

— Soy muy gamer. Me flipa jugar y creo que hay un paralelismo entre el programa de producción y los videojuegos. Si te mola ese videojuego, te vas a viciar y te lo vas a pasar en modo normal, después en modo difícil. Y la música creo que es un poco lo mismo: lo primero es que te guste el programa y viciarte. Te pones tutoriales y vas pasando los niveles. Yo aprendí así: a viciarme. Como el que se pone a jugar al GTA, pues yo me ponía con el programa de producción (ríe).


Pocos productores como tú salen en los videoclips de sus canciones…

— Si tú estás escuchando una canción, escuchas la voz y escuchas el instrumental… A los productores se les tiene que poner cara, por eso, la única forma es que salgamos en el videoclip. Antes le ponían nombre y ahora mola ponerle cara. Yo lo tengo bastante normalizado, todavía no está 100 % conseguido, pero poco a poco.


Además de reggaetón, ¿qué otros géneros producirías?

— Le estoy dando ahora bastante al house, es algo que me mola porque yo vengo de la electrónica. También estoy haciendo Drum & Bass. ¡Me gusta de todo! Ahora he hecho como una rumba que pronto veréis con quién, creo que es de los mejores que le dan a este rollo en España. ¡No me cierro a nada!


El productor musical Kabasaki (cortesía)



¿Qué opinas acerca de hacer referencias a letras de canciones de otros artistas en temas de reggaetón actuales?

— Es una movida un poco rara porque esta música ha sido muy underground desde siempre, pero ahora se ve que no. Nuestra música ahora mismo es lo más mainstream, como el pop. Hay cosas a las que no estamos acostumbrados, directamente. Había normas que antes se hacían y funcionaban, pero ahora tienes que pedir permiso y hacer mucho papeleo. Cosas feas que a nosotros no nos gustan. Si estás grabando un tema y, de repente, te acuerdas de una canción que te encanta, ya sea porque te la han dedicado o por lo que sea, te viene y punto, no puedes cortar eso. No piensas: «Ay, no voy a hacer esto porque hay que firmar un contrato». Simplemente lo haces. Eso en el reggaetón está quemadísimo. Lo que pasa es que ahora ven que hay pasta y miran a ver cuánto pueden sacar cuando alguien usa la letra de otro artista. Seguramente ese cantante no está usando una letra de un reggaetonero de los 90 que no conoce nadie y ha robado esas letras, está usando la más famosa que hay para que tu cerebro diga: «Uy, me ha recordado a esa canción». Es como cuando Primark saca una camiseta de Disney (ríe). Es algo guay, para mí es como un homenaje.


Futuros proyectos.

— Vienen muchas colaboraciones, le he repartido beats a todo el mundo y tiene que empezar a salir música y poquito a poco. Me fui a Chile hace poco a hacer mucha música chilena y a disparar singles. Tengo uno que me hace mucha ilusión con El Ima, con Yassir, con Cocco Lexa también hay.

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